Elegir un nombre sin proceso puede parecer rápido, pero los errores se pagan a largo plazo. Un nombre difícil de pronunciar o escribir frena el boca a boca. Uno demasiado genérico no se posiciona en buscadores. Uno ya registrado puede generar un requerimiento legal. Uno sin dominio disponible complica la presencia digital desde el principio.
El naming no es buscar un nombre bonito. Es encontrar uno que funcione: en Google, en la OEPM, en el recuerdo del cliente y en la fachada del local.
Un nombre bien construido es el activo intangible más duradero de una marca. Todo lo demás puede cambiarse. El nombre, casi nunca.