Jaime llegó a thenomas con una idea y sin nada más. Sin nombre, sin logo, sin referencias visuales. Solo el proyecto de abrir un bar gastronómico en Coín enfocado en el producto local, las tapas y el vino. Lo que necesitaba no era solo una marca: era saber si el negocio tenía sentido antes de invertir en construirla.
Había llegado por recomendación, lo cual ya decía algo: sabía que lo que buscaba no era un logo bonito, sino alguien que le ayudara a pensar el negocio antes de diseñarlo.
El punto de partida:
primero validar, después diseñar
Antes de hablar de identidad visual hicimos lo que muy pocos estudios de branding hacen: nos sentamos a analizar si el negocio tenía viabilidad real. El local era pequeño y estaba en una zona con mucha competencia. La propuesta —tapas de producto local, especialización en vino, sin pretensiones de alta cocina pero con criterio— era diferente en concepto pero necesitaba validarse en el contexto concreto de Coín.
Realizamos un estudio de viabilidad y análisis de mercado local: qué había, qué faltaba, qué tipo de cliente existía en la zona y qué precio estaba dispuesto a pagar. También analizamos la competencia directa e indirecta para identificar el espacio real que podía ocupar el negocio.
El diseño más caro del mundo no salva un negocio mal planteado. Pero un negocio bien planteado con una marca correcta tiene mucho ganado antes de abrir.
El resultado del análisis fue positivo: había espacio, había demanda y la propuesta de valor era diferenciadora si se comunicaba correctamente. Con eso sobre la mesa, empezamos a construir la marca.
El naming:
por qué El Rengue
El nombre de un bar gastronómico tiene que hacer mucho trabajo: tiene que ser memorable, pronunciable, registrable y tiene que decir algo sobre lo que es el sitio antes de que nadie entre por la puerta.
Barajamos varias opciones partiendo del briefing: local pequeño, tapas y vino, producto de la tierra, sin postureo, pensado para brindar y disfrutar. Estas fueron las tres candidaturas finales:
Nombre con fuerza y sonoridad interesante, pero con connotaciones sociopolíticas en el contexto andaluz que generaban ruido innecesario. Un nombre de bar no puede cargar con ese peso.
✕ DescartadoNombre juguetón y directo que conectaba con la idea del picoteo y las tapas. Memorable y con personalidad, pero Jaime tenía claro que quería algo más enraizado en el territorio.
✕ No seleccionadoEn andaluz, el rengue es el descanso que hacen los trabajadores durante la jornada para comer algo, picotear y reponer fuerzas. Auténtico, local, con historia y perfectamente alineado con la propuesta.
✓ ElegidoEl nombre lo decía todo sin necesitar explicación: un sitio para el descanso real, para el disfrute sin pretensiones, para el producto de aquí. Siempre en mayúsculas — EL RENGUE — porque aquí no venimos a susurrar.
La identidad visual:
el campo en geometría
Con el nombre definido y el posicionamiento claro, construimos la identidad visual desde el territorio. Coín es campo, viñedo, ganadería, producto local. La identidad tenía que reflejar eso sin caer en los clichés del rústico de manual ni en la estética hipster que lo mismo podría ser de Coín que de Berlín.
El isotipo es geométrico pero orgánico: formas que sintetizan los campos, las tierras y las ganaderías locales. No es un dibujo de un campo: es la esencia del campo convertida en símbolo. Simple, reproducible en cualquier soporte y reconocible desde lejos en un rótulo o de cerca en una servilleta.
El sistema visual completo se construyó sobre tres principios:
- Autenticidad sin nostalgia: referencias a la tierra sin caer en lo folclórico ni lo vintage impostado.
- Legibilidad en todos los soportes: desde el rótulo exterior hasta la carta, los uniformes y las redes sociales.
- Coherencia como señal de criterio: que cualquier pieza del proyecto reconocible como parte del mismo sistema.
Las aplicaciones:
la marca bajando a la realidad
Una identidad visual vale lo que valen sus aplicaciones. El sistema se desplegó en todos los puntos de contacto del cliente con el bar:
Diseño de carta con el sistema tipográfico y de color de la marca. Formato pensado para la experiencia en el local y para la propuesta de conservas y rincón gourmet.
Rótulo exterior y señalética interior con la identidad correctamente adaptada a gran formato. El local comunica desde la calle antes de que nadie entre.
Diseño de la indumentaria del equipo con la marca aplicada. El uniforme forma parte de la experiencia y refuerza la coherencia visual del espacio.
Manual de uso de la identidad en entorno digital: formatos, paleta de color, tipografía, tono de comunicación y criterios de estilo fotográfico para Instagram.
El resultado:
lleno desde el primer día
El Rengue abrió sus puertas con una identidad que ya generaba expectación antes de la apertura. El local llenó desde el primer día y sigue así. Una marca construida correctamente no solo comunica lo que es un negocio: crea el contexto emocional en el que el cliente quiere estar.
El proyecto duró tres meses desde la primera reunión hasta la entrega final. En ese tiempo pasamos de una idea sin nombre ni imagen a una marca completa con posicionamiento claro, identidad visual coherente y todas las aplicaciones necesarias para abrir con garantías.
Lo que aprendimos
en este proyecto
El Rengue es un buen ejemplo de por qué el branding empieza antes del diseño. Si hubiéramos arrancado directamente con el logotipo sin pasar por el análisis de viabilidad y el briefing estratégico, habríamos diseñado una identidad visualmente correcta pero posiblemente desconectada del negocio real.
El nombre surgió del territorio, no de una lluvia de ideas en un moodboard. La identidad visual salió del posicionamiento, no de tendencias de diseño. Y el resultado no fue solo un proyecto bonito en el portfolio: fue un negocio que funcionó desde el primer día.
Eso es lo que diferencia el branding estratégico del diseño gráfico: no es lo que ves. Es lo que el cliente siente antes de leer una sola palabra.