Crear una marca gastronómica que no sonara a "más de lo mismo" en un lugar donde la tradición pesa más que la calidad. El reto no era solo diseñar un logo bonito — era construir un concepto que rompiera con la tapa congelada disfrazada de alta cocina e invitara a redescubrir el producto local desde otro ángulo: más auténtico, más fresco, más real.
El objetivo: que te sientas invitado a disfrutar, no a hacer postureo.
Construimos una marca que no necesita disfraz. Un naming directo: EL RENGUE, siempre en mayúsculas porque aquí no venimos a susurrar. Una identidad visual basada en la tierra: el viñedo, los cultivos y la ganadería local de Coín, sintetizados en un isotipo geométrico que respira autenticidad.
La experiencia no termina en el plato. La propuesta de conservas y rincón gourmet convierte cada visita en un plan abierto: puedes disfrutar los productos allí o llevártelos a casa, sin complicaciones y sin postureo.









